Armé el bolso, dejé mis llaves, me puse el gorro y me fui, súper simple, súper sencillo. Ya no aguantaba más, ese departamento pasó de ser mi hogar (pese a que era un departamento arrendado) a ser un antro de inmundicia y desorden.
Todo comenzó cuando decidí acoger en mi departamento a mi mejor amiga, la habían echado de la pensión en la que estaba y no tenía donde ir, la acogí con la condición de que colaborara con la mantención del departamento. El primer mes no hubo dramas, pero los meses que siguieron todo fue empeorando: platos sin lavar por más de dos días, manchas en la alfombra, la tina con pelos, en fin, cada semana era peor. Un día decidí hablar con ella y solucionar el problema. Lo hice y su compromiso de mejorar duró una semana, luego de la cual ocurrió el hecho que desencadenó mi furia: llegué el día domingo, como de costumbre a eso de las nueve de la noche, y me encontré con una olla dentro del lavaplatos, levanté la tapa y me encontré con unos “tallarines peludos”... ¡HONGOS! ─ grité, soltando la olla con asco ─ ¿Cómo cresta una mujer puede ser tan asquerosa?
Decidí, entonces, irme… Si ella quiere vivir rodeada de mierda que lo haga, pero sin mí.
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Este corresponde al segundo cuento que nos hicieron escribir en el ramo de "expresión oral y escrita", tiene unas modificaciones para que se entienda mejor, pero la idea es la misma.
Cualquier coincidencia no tiene nada que ver con la realidad xD.
Saludos